Un día nublado

¿No te hace sonreír? Cuando el sol no sale en todo el día y las muchachas sacan sus botas de colores y el viento destruye los paraguas y los bichitos nadan sin cuidado y las marquesinas están llenas de hombres y mujeres abrazados.

Te podría decir algo ahora que no me estás escuchando,  ahora que estás mirando por la ventana, ahora que tu atención está en las luces de los frenos, ahora que tus ojos miran sin mirar, ahora que estás pensando  en quién sabe qué amaneceres, lejos de este día nublado, te podría decir adiós ahora que puedo.

Pero qué difícil es separarse de aquello que hemos hecho, sea cosa o sueño, es difícil incluso cuando lo hemos destruido con nuestras propias manos, qué difícil es decir —no va más—, qué difícil aceptar que todo esto es un juego que se pierde al final.

¿No te hace sonreír? Cuando el sol no sale en todo el día y  los sentimientos crecen con la lluvia y las muchachas lindas se pierden mirando por la ventana y el viento te acaricia la cara y ambos nos miramos y lo sabemos y bajo una marquesina nos despedimos conscientes de que esta vez no habrá un hasta luego…

Adiós amor, amor adiós, adiós adiós, así nomás, sin dolor y sonriendo.

NTL

La distancia sigue siendo la misma, el cielo está tan lejos, es decir, lo puedo ver pero no lo puedo alcanzar, ¿qué decía José? – A veces para que se abra el cielo es necesario cerrar una puerta, y por no cerrar puertas, jamás se abre el cielo.

Cuánta razón tenías José, el cielo en la tierra existe, pero no podré llegar, no así, no con tanto miedo, miedo de perder, miedo de cerrar la puerta.

Las despedidas no son lo nuestro, las despedidas nos toman media hora, a veces más, así no se puede abrir el cielo.

Te quiero que quede claro, te quiero, pero eso no es suficiente. 6 años han pasado y la pregunta sigue siendo: ¿Qué tan cerca estoy de perderte?

Se llaman The National, fuente de inspiración de tantos rapidines.

 

 

 

Con el tobillo partido

Cómo llegar a ti, cómo hacerte saber que te amé y no lo supe decir, sabes, eso pasa cuando uno tiene el corazón con una pata coja, siempre se llega tarde a las miradas, a los besos tiernos, a las mordiditas de labios que te hacen sentir ese cálido dolor-cariño, es el problema de tener el corazón con una pata coja, uno nunca acaba de llegar a los te amo, uno siempre llega cuando todo está perdido.

Pero aún te quiero con este amor ridículo, con este amor que no sabe salir de su propio laberinto, y es triste, saber que este amor que tengo no sirve, no pesa lo suficiente para atrancar la puerta, no es negro ni rojo, ni cuadrado ni redondo, ni muere ni puede vivir por su cuenta.

Sabes, eso pasa cuando uno tiene el corazón con la pata coja, cuando uno sólo es capaz de pensar lo que a otros les basta sentir, cuando uno es incapaz de unir esas dos palabras con un hilo, así es imposible, quizá debo aceptar que no hay forma, quizá debo aceptar que mi corazón siempre andará cansado, que  mi corazón siempre tendrá su tobillo partido.

Decirlo con otro acento

A mi me alegran las narices frías y los días nublados, pero eso no es para vos, miro tus ojos como brillan y están llenos de luz y de sol. Yo te quiero, pero mirá bien lo que ofrezco, mirame aquí ahora, mirame así entre lápices y hojas, bajá a mi pulso, tratá de ahogarte conmigo, tratá de meter el concepto de imperfecto a tu mundo.

Mirame bien y decime que soy demasiado simple para tu amor, demasiado humano para tu soledad, mirame ahora y decime algo que me reviente el corazón, dame algo, quiero algo de vos, algo que mate más rápido que la ilusión.

A mi me gusta el abandono por azul y callado, me gusta el amor que se desborda por los brazos, amor que como el vuelo de una mosca no va a ningún lado. Yo te quiero, quizá algún día llegues a este mismo lugar, quizá algún día me mires con tus ojos llenos de luna, llenos de mar, llenos de lluvia, pero ahora vos me mirás y te quedás callada, dame algo, quiero algo de vos, decime en voz baja lo que gritas con la mirada.

A mi me alegran las narices frías y los días nublados y el olor a tierra mojada y las despedidas que no necesitan palabras.

Rayo de luz

Hay sonrisas que enamoran, sonrisas que denotan nerviosismo y sonrisas como la tuya, tierna, natural, sin malicia. Me miras fijamente y no me da miedo que vayas a preguntar algo, simplemente sé que miras y que por ahora tu vida depende de mí, más tarde vendrán las preguntas y seré yo quien deba ayudarte a disipar tus dudas.

Por ahora te miro, y sonrío por el placer de tenerte en mis brazos y saber que vas a permanecer ahí un buen tiempo, sé que llegará el día en que tengas que partir y hacer tu vida con lo poco que yo te haya enseñado y otro poco que la vida te vaya revelando, pero ahora estoy tranquilo, estás en mis manos y no te dejaré caer.

Me haces feliz, inmensamente feliz, espero que llegue el día en que entiendas lo que ahora susurro mientras espero que duermas. Te imaginé muchas veces, te soñé otras más, pero tenerte aquí no lo pude haber soñado nunca, ni en el más profundo de mis sueños, sé que muchas cosas van a cambiar en nuestras vidas, pero sé que te amo y eso es lo único que nunca va a cambiar entre nosotros.

Tú y yo

Somos una historia más de amor, una historia que comenzó con dos personas que temían decir te quiero, que no deseaban estar separados ni un minuto y que no sabían decir que no a ningún capricho del otro.

Somos dos personas más caminando de la mano entre miles de personas que también caminan de la mano y que también tienen miedo de saber qué va a pasar mañana.

Somos una de esas tantas parejas que tienen un pleito por dejar el el baño un lío, somo esos que los demás miran y piensan – cómo harán para no pelear -, somos de esos que se miran y entienden que es momento de dejar de bromear y hablar en serio.

Es posible que tú y yo seamos una pareja más entre miles que hay, pero una que hace que el resto de las personas aún crean que el amor para siempre aún existe.

Silencio

En toda la noche no dijiste una sola palabra, saliendo del café la lluvia nos sorprendió, llegamos apresurados al departamento, seguías sin dirigirme la palabra. Entraste al baño por una toalla, yo fui a la recámara y comencé a quitarme la ropa, entraste con dos toallas, una enredada en la cabeza y la otra en el cuerpo, me miraste con un poco de enojo pues todo el cuarto estaba lleno de agua. Intenté calmar tu mirada con un beso pero fui rechazado.

Hace mucho que no estábamos a solas, te doy un abrazo y a pesar de tu negativa esta vez no te dejo ir, la toalla que cubre tu cuerpo comienza a resbalar a pesar de tu tímido intento por detenerla, ahora eres tú quien busca mis labios, acaricio tu rostro y te miro fijamente, ambos nos reconocemos, somos esos dos locos que hace tiempo sólo buscaban un pretexto para estar a solas, un par de locos que decidieron dejarlo todo, ó mejor dicho decidimos comenzar a buscarlo todo uno al lado del otro.

Hay un clima extraño en la habitación, mientras tus labios tiemblan tu piel comienza a llenar de calor a mi piel, mis labios comienzan a absorber el agua que cae de tu cabello.

Tus manos me abrazan como hace mucho no lo hacían, tus uñas encuentran viejas cicatrices que habían dejado tiempo atrás y en donde amoldan a la perfección, mis manos se deslizan por tu cadera y con fuerza te levanto, tus piernas rodean mi cintura, tus manos acarician mi cabello, tus besos son más intensos.

Beso tu cuello, tu collar de cuentas de madera me estorba para bajar a tu pecho, dejó un momento de acariciar tu rizada y mojada cabellera para arrancar el collar dejando caer las cuentas por entre nuestros cuerpos, todas  terminan regadas en el suelo.

Te recuesto en el sofá, el agua y el sudor comienzan a evaporarse de tu cuerpo, me recuesto sobre ti al tiempo que comienzo a sujetar con fuerza tus piernas, parece que quieres arrancar mi labio con tu boca, tus manos y las mías se entrelazan y por primera vez en toda la noche rompemos el silencio.

El final

*Seguramente este es mi último rapidín, pero no me quiero ir sin agradecer a todos los que alguna vez leyeron alguna de mis historias. Muchas gracias por acompañarme todo este tiempo, y ahora simplemente, el final:   

De pronto este rumbo ya no tiene sentido, de pronto sobran los trenes y los andenes, es como si ya nadie fuera a ningún lado, es como si alguien hubiera muerto a mitad del camino.

Siempre llega el tiempo para marcharse, aunque no haya a dónde ir, enero siempre muere, la única diferencia es que ahora muere de tajo, y me deja solo en esta calle.

Aquí donde alguna vez hablamos de esas cosas rotas que nos hacen sentir menos solitarios, aquí donde por primera vez sentimos que era a nosotros a quienes seguía la luna, aquí donde alguna vez caminamos de la mano, y entre los pliegues de nuestros labios sentimos que nunca podría morir en nosotros la ternura.

No necesitaba tu ayuda para ser frágil, créeme, no conozco a nadie más que se pueda reír conmigo de cualquier broma, no necesitaba que te fueras para estar solo, es fácil, abraza mis huesos una vez más, quizá pueda aguantar hasta el siguiente verano sin respirar… pero no lo harás.

Nos tendremos que conformar con la idea de que allá arriba, más allá de estas nubes grises, el cielo sigue siendo azul, en algún lugar el calendario no tiene la fecha de ayer, es ahí donde sigues tejiendo historias con el material del que están hechos los sueños, es en ese lugar bello donde te volveré a ver y entonces comprenderé que todos llegamos vivos al cielo.

¿Me quedaré aquí o me desvaneceré?… Nunca fui bueno para continuar, nunca me importó el futuro, ni las palabras que escribo, cariño, tuve un mal día, creo que el mundo se va a acabar, no necesito tu amor sólo tu compañía, creo que ha llegado el final, llévame contigo, ¿hay lugar para uno más en la oscuridad?.

Cuando te fuiste

El frío pegaba en mi rostro como pequeñas navajas afiladas, mi corazón estaba apunto de dejar de latir, mi mente no me llevaba a ningún lugar, de pronto la luz de un auto me hizo volver a la realidad, tardé un par de segundos en darme cuenta en dónde estaba, me levanté, caminé por pura inercia y llegué a casa, al entrar las cosas parecían extrañas, yo me sentía extraño, como si estuviera en el cuerpo de alguien más, me recosté en el sofá y comencé a llorar, hace mucho que no lloraba de esta forma, sin poder contenerme, como si algo muy malo hubiera ocurrido, algo sin remedio, pero aún no me había detenido a pensar qué era eso que me estaba haciendo llorar de esa manera.


El llanto y el cansancio me dejaron rendido, desperté por la mañana con un dolor en el pecho y con la angustia de saber que algo me faltaba, pero me rehusaba a pensar en eso, me daba un poco de miedo recordar, hasta que llegó de nuevo la noche y fue ahí cuando extrañe tus besos, tus caricias y tu calor, sé que no te volveré a ver pero sé que donde estés sabrás que mi amor fue verdadero.

Sin duda

No cabe duda que se puede vivir solo, claro, hay cosas a las que uno se tiene que acostumbrar, supongo que conforme pasen los días iré sintiendo menos y recordando más, supongo que el ocio se acumulará y terminaré arreglando todas esas cosas que cojean y rechinan en la casa, cosas como el seguro de la puerta, el apagador de la cocina y el tercer soporte del barandal — Después tendré que decidir qué hacer con los baldes de tristeza que se irán amontonado, supongo que puedo regar las flores con ellos pero no regaría el pasto, no aguantaría, se pondría morado y eso podría alterar al perro, luego vendrá la noche, tú sabes que la luna me da frío, tendré que sacar el cobertor grueso.

Luego, cuando haya terminado de regar las flores y pasear al perro y arreglar lo que cojea y rechina en la casa, supongo que volveré a recordar, porque recordar es la mejor manera de acostumbrarse a estar solo, y así viviré, porque ya te lo he dicho, no tengo duda de que un hombre puede vivir solo, pero también comienza a morir cuando lo hace.

Mi primera vez

Me levanté de la cama tan pronto como el primer rayo de sol tocó mi rostro, aún sin poder abrir los ojos me quite de encima las cobijas me puse las botas y salí de inmediato al patio trasero terminé de poner todo lo necesario para cuatro días de viaje en la camioneta.

 
Mi padre para mi fortuna se encuentra en cama a causa de una severa gripe, cuando digo para mi fortuna es porque a causa de esa enfermedad me ha dado la oportunidad al fin de ser yo quien entregue la carga de arándanos en la capital, llevo años escuchando cientos de historias, algunas parecen increíbles pero al fin podré constatar su veracidad.
Mi madre me da la bendición y mi padre me recomienda algunas cosas como manejar con precaución y contar bien el dinero de la venta, lo demás por la emoción no he podido escucharlo bien.
Un día y medio tarda uno en llegar al centro pero yo con mi afán de conocer he tardado sólo veinticuatro horas, llegué con mucho sueño antes de lo previsto, me dijeron que me hospedara en el hotel “mar rojo”, le informo al encargado que voy de parte del señor Teófilo Benítez y antes a terminar de decir su nombre me retumba en la espalda su mano pesada, -qué gusto hijo que estés aquí , ya eres todo un hombre-,decía el viejo como si alguna vez me hubiera visto antes, me llevó a mi habitación sin dejar de alabar a mi padre y diciendo que yo tenía toda su pinta. Me instalé y bajé para ir a entregar mi mercancía, pues no quería llegar tarde, seguí las instrucciones que mi padre anotó en una bolsa de pan, justo a tiempo las personas a las que tenía que ver sólo se preocuparon por ver que las cajas estuvieran completas, me pagaron y al igual que ellos yo revisé que estuviera hasta el último centavo como me indicó mí padre.

 
Al llegar al hotel el encargado sorprendido me dijo que si había algún problema, -tú padre jamás llega antes de la media noche-, acto seguido soltó una irónica carcajada, así que subí, tomé un baño y salí a dar un paseo, las calles eran largas llenas de gente y letreros grandes que anunciaban todo tipo a negocios extraños, como el de un “restaurante familiar”, ¿qué acaso no todos los restaurantes lo son?, me pregunté mientras en un negocio de la banqueta de enfrente vi al amor de mi vida, lo sabía porque jamás había sentido este calor en el rostro, este palpitar acelerado en mi pecho y esta emoción tan grande al ver a una mujer tan hermosa, era alta muy alta gracias a las zapatillas rojas que llevaba puestas, un vestido con más brillo que el de todas las luces que alumbraban la avenida principal y su cabello como hilos de oro que caían sobre sus hombros, cual cascada que jamás ha sido explorada por el hombre.
Sin darme cuenta crucé la avenida y estaba frente a ella, me sonrío, me tomo del brazo y me invitó a pasar, se sentó conmigo a la mesa, pidió dos cervezas, le dije que quería algo a comer antes y me dijo que la cerveza era para abrir más el apetito.
La noche se volvió mágica, jamás en mi vida había bailado y esa noche parecía que mis pies se movían al mismo tiempo que los de Lidia, no paramos de reír yo le juré más de una vez que la amaba y ella sólo se sonrojaba y se ponía a reír, terminamos en mi hotel, yo no quería tocarla pues no sabía si era lo correcto, apenas la conocía, me pidió que no fuera tímido, nos fundimos entre abrazos y caricias.
De nuevo el sol tocó mi rostro, ella estaba a un lado poniendose el vestido, me dejo unos billetes en el Buró me dio un beso en la frente y salió con toda la calma.
De regreso a casa no pude dejar de pensar en que le diría a mis padres, llegué a casa, entré sigiloso, mamá estaba terminando de cocinar, llegué al cuarto de papá y le comenté sin más lo sucedido, de repente mi madre abrió la puerta y lo primero que hizo fue preguntar que tal me había ido y sin dejarme responder mi padre contestó -muy bien, tendré que recuperarme pronto antes que el muchacho me deje sin clientes-, mamá salió con una gran sonrisa en el rostro, mi viejo tomó unos billetes que estaban debajo del colchón y me dijo que esa era mi paga.

Esa fue la primera vez que me enamoré y la última que fuí sólo a la capital.